Pautas de tratamiento médico del Estado de Nueva York para los trastornos de cadera e ingle en pacientes con indemnización por accidente laboral

Las directrices proporcionadas por la Junta de Indemnización por Accidentes de Trabajo del Estado de Nueva York tienen por objeto ayudar a los profesionales sanitarios a evaluar los trastornos de cadera e ingle. El objetivo de estas directrices es ayudar a los médicos y profesionales sanitarios a determinar el tratamiento adecuado para las personas con estos trastornos específicos.

Los profesionales sanitarios especializados en trastornos de la cadera y la ingle pueden confiar en la orientación proporcionada por la Junta de Indemnización por Accidentes de Trabajo para tomar decisiones bien informadas sobre el nivel de atención más adecuado para sus pacientes.

Es fundamental subrayar que estas directrices no pretenden sustituir al juicio clínico ni a la experiencia profesional. La decisión final sobre la atención sanitaria debe ser fruto de la colaboración entre el paciente y su profesional sanitario.

Trastornos de cadera e ingle

Esta directriz abarca los trastornos de la cadera y la ingle descritos en esta sección, que no ofrece una revisión en profundidad de otros trastornos notables, como la radiculopatía lumbar y la estenosis espinal lumbar, que pueden manifestarse como dolor posterior y lateral de cadera. Sin embargo, estas afecciones son consideraciones importantes en el diagnóstico diferencial del dolor y los síntomas de cadera.

Para una discusión más completa de estos trastornos, consulte el NYS WCB Lesiones en la parte media y baja de la espalda Medical Otros factores que deben tenerse en cuenta en el proceso de diagnóstico son las hernias inguinales, las hernias femorales, las irregularidades ateroscleróticas, los aneurismas, las fracturas por avulsión (en particular las que afectan al sartorio y al recto femoral), la mononeuritis femoral, los tumores, los cánceres, las artropatías cristalinas (como la gota, la seudogota, la hidroxiapatita) y las infecciones, incluida la artritis séptica.

 

Introducción

Anamnesis y exploración física

Los fundamentos de los procedimientos diagnósticos y terapéuticos se establecen y guían mediante la anamnesis y la exploración física.Si hay incoherencia entre los resultados de las evaluaciones clínicas y los de otros procedimientos diagnósticos, debe darse prioridad a los hallazgos clínicos objetivos.La documentación médica debe registrar adecuadamente lo siguiente:

Antecedentes de lesiones actuales

En cuanto al mecanismo de la lesión, esto incluye información sobre cuándo aparecieron los síntomas por primera vez, su evolución a lo largo del tiempo y cualquier síntoma derivado de los ajustes posturales o funcionales debidos a la lesión de cadera/glúteo.

Conexión con el empleo: Se trata de indicar la probabilidad de que la enfermedad o lesión esté relacionada con el lugar de trabajo.

Lesiones anteriores relacionadas o no con el trabajo: Esto se refiere a lesiones en la misma zona, junto con detalles sobre cualquier tratamiento específico previo.

Capacidad para desempeñar las responsabilidades laborales y las actividades de la vida diaria,

Factores que empeoran o alivian los síntomas; no se limitan a la zona de la cadera o la ingle.

 

Historia pasada

El historial médico previo incluye, entre otras, enfermedades como neoplasias, gota, artritis y diabetes;

La revisión de los sistemas abarca una serie de síntomas, entre los que se incluyen los asociados a enfermedades reumatológicas, neurológicas, endocrinas, neoplásicas y otras enfermedades sistémicas. Si procede, también debe abarcar los aspectos gastrointestinales y genitourinarios (con atención a cualquier problema de incontinencia), así como las áreas musculoesqueléticas pertinentes.

Antecedentes de consumo de tabaco.

Actividades ocupacionales y recreativas, incluido un registro del historial de barotraumatismos.

Exámenes de imagen previos;

Historial de cirugías previas.

 

Examen físico

Cuando se examina una articulación, es esencial incluir la articulación por debajo de la zona afectada, incorporando el lado opuesto para un análisis comparativo.El examen físico debe implicar el empleo de pruebas reconocidas y técnicas de examen que sean relevantes para la articulación o zona en consideración, incluyendo:

Evaluación observacional;

Examen táctil;

Evaluación de la amplitud de movimiento y la calidad del movimiento (tanto activo como pasivo), abordando cualquier preocupación relacionada con la rotación interna o externa anormal, así como la presencia de chasquidos, estallidos o enganches durante el movimiento.

Evaluación de la fuerza, identificando cualquier debilidad o signo de atrofia.

Examen de la integridad y estabilidad articulares.

Evaluación de deformidades o desplazamientos, incluida la identificación de discrepancias en la longitud de las piernas.

Si es relevante para la lesión, examen de la integridad de la circulación distal.

Si es pertinente para la situación, un examen neurológico (por ejemplo, evaluación de la función sensorial y motora, reflejos) según esté clínicamente indicado.

Si procede, evaluar la sensibilidad o inflamación testicular.

Evaluar la marcha y el estado de carga.

 

Banderas rojas

En la región de la cadera y la ingle, estos hallazgos o indicadores pueden incluir fracturas, luxaciones, infecciones o inflamaciones, tumores, trastornos reumatológicos sistémicos y compromiso neurológico.Puede estar justificada una evaluación adicional, una consulta o una intervención de urgencia/emergencia, y las directrices de tratamiento médico de las lesiones de cadera/groides de Nueva York incluyen alteraciones en el tratamiento clínico provocadas por la identificación de “señales de alarma”.

Pruebas diagnósticas y procedimientos de prueba

Por lo tanto, la selección juiciosa de un único procedimiento diagnóstico, su uso complementario en combinación con otro(s) procedimiento(s), o un orden secuencial bien planificado en múltiples procedimientos garantizará una precisión diagnóstica óptima, minimizará los efectos adversos en los pacientes y promoverá la rentabilidad al evitar la duplicación o redundancia.

Cada procedimiento de diagnóstico por imagen presenta un porcentaje sustancial de especificidad y sensibilidad para diferentes diagnósticos.Ninguno de ellos posee características específicamente indicativas de un diagnóstico concreto.La selección e interpretación de los resultados de los procedimientos de imagen debe basarse en la información clínica adquirida mediante la anamnesis y la exploración física.

Si un procedimiento diagnóstico, combinado con la información clínica, proporciona datos suficientes para un diagnóstico preciso, la realización de un segundo procedimiento diagnóstico exclusivamente con fines diagnósticos sería redundante.Simultáneamente, un procedimiento diagnóstico de seguimiento -posiblemente una repetición del inicial- podría servir como medida diagnóstica complementaria si el médico rehabilitador, radiólogo o cirujano observa que el estudio inicial era de calidad insuficiente para un diagnóstico. Esto se hace necesario si el primer procedimiento o los anteriores, junto con la información clínica, no permiten obtener un diagnóstico preciso. La elección de un procedimiento frente a otros suele depender de factores como la disponibilidad, la tolerancia del paciente y la familiaridad del médico con el procedimiento.

Se reconoce que, en ciertos casos, el curso clínico y el seguimiento de la evolución del tratamiento pueden requerir la repetición de estudios de imagen y otras pruebas.Puede ser beneficioso repetir procedimientos diagnósticos, como los estudios de imagen, a lo largo del curso asistencial para reevaluar o estadificar la patología. Esto es especialmente importante en casos de progresión de los síntomas o de evolución de los hallazgos, antes de intervenciones quirúrgicas e inyecciones terapéuticas cuando se considere necesario, y en el postoperatorio para supervisar el proceso de curación.En cuanto a los exámenes por TC, es importante reconocer que la repetición de los procedimientos conlleva un aumento de la dosis de radiación acumulada y de los riesgos asociados.

Cuando se considere necesario, se pueden emplear los siguientes estudios para una evaluación más profunda de las lesiones de cadera e ingle, guiándose por el mecanismo de la lesión, los síntomas y los antecedentes del paciente.

 

Criterios diagnósticos y diagnóstico diferencial

La mayoría de los trastornos de cadera pueden diagnosticarse eficazmente mediante una combinación de anamnesis, exploración física y radiografías. Cuando el diagnóstico de un trastorno de la cadera y la ingle sigue siendo incierto, la resonancia magnética (RM), con o sin gadolinio, suele ser el método de imagen preferido para diagnosticar diversas patologías intraarticulares y extraarticulares.Las técnicas de imagen adicionales abarcan la ecografía, la tomografía computarizada (TC), la radiografía postoperatoria, así como la artrografía por resonancia magnética y TC.

El profesional sanitario que realice la evaluación inicial de un paciente con dolor de cadera o inguinal debe tratar de establecer un diagnóstico específico y explicativo.Es esencial realizar una revisión de los sistemas que abarque la rodilla, la columna vertebral, el abdomen y el tracto genitourinario en los casos de dolor de cadera o inguinal.Al examinar a un paciente con dolor de cadera o inguinal, la atención debe centrarse principalmente en la articulación de la cadera, incorporando una evaluación exhaustiva de las estructuras adyacentes pertinentes, reflejando el enfoque adoptado en la revisión de los sistemas.Los posibles trastornos graves abarcan infecciones, tumores o afecciones reumatológicas sistémicas.

 

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